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Comprender nuestros patrones para transformar nuestra vida
La Terapia de Esquemas es un enfoque profundo y transformador que nos ayuda a entender por qué repetimos ciertos patrones emocionales y relacionales, incluso cuando sabemos que nos hacen daño. Nos permite mirar más allá de los síntomas y comprender las raíces de nuestro sufrimiento, conectando el pasado con el presente de una manera clara y compasiva.
Fue desarrollada por Jeffrey Young en los años 90 como una evolución de la terapia cognitivo-conductual, integrando también elementos de la teoría del apego, la psicología humanista, la Gestalt y el psicoanálisis. Su propósito es ayudar a las personas que, a pesar de haber intentado otros tratamientos, siguen sintiendo que “vuelven a caer en lo mismo”.
¿Qué son los “esquemas”?
Los esquemas son patrones profundos de pensamiento, emoción y conducta que se forman durante la infancia y la adolescencia. Nacen a partir de nuestras experiencias tempranas con las figuras de apego —madres, padres, cuidadores, profesores— y se mantienen activos a lo largo de la vida.
Cuando nuestras necesidades emocionales básicas no fueron suficientemente satisfechas, desarrollamos maneras de adaptarnos para sobrevivir: reprimir lo que sentimos, complacer a los demás, desconectarnos, intentar tener el control o buscar aprobación constante. Esas estrategias nos ayudaron a protegernos en su momento, pero con el tiempo se vuelven patrones automáticos que nos limitan y nos alejan de una vida plena.
Entre las necesidades emocionales básicas se encuentran:
- Sentirse seguro y conectado con otros.
- Ser visto, escuchado y validado emocionalmente.
- Poder expresar necesidades y emociones libremente.
- Sentir autonomía y competencia.
- Contar con límites y orientación.
Cuando alguna de estas necesidades no se atendió de forma consistente, el niño interiorizó una sensación de carencia que más tarde puede manifestarse como esquemas disfuncionales: miedo al abandono, vergüenza, desconfianza, exigencia excesiva, autosacrificio, dependencia, entre muchos otros.
Estos esquemas actúan como lentes a través de los cuales interpretamos la realidad. Nos hacen reaccionar de forma intensa, elegir relaciones parecidas a las del pasado o sentir que “siempre acabamos en el mismo lugar”.
Los modos: las partes que viven en nosotros
Uno de los conceptos más potentes de la Terapia de Esquemas es el de “modos”.
Los modos son estados emocionales y partes internas que se activan en diferentes momentos. Cada modo representa una combinación de esquemas, emociones y estrategias aprendidas.
Por ejemplo, una persona puede tener un Modo Niño Vulnerable, que siente miedo o soledad; un Modo Crítico, que juzga y exige; un Modo Protector, que se desconecta o se aísla; y también un Modo Adulto Sano, que puede cuidar y poner límites.
En terapia, el objetivo no es eliminar los modos, sino aprender a reconocerlos, entenderlos y cuidarlos. Descubrimos qué parte está activa en cada situación y cómo darle lo que necesita sin que tome el control.
A través de este trabajo, desarrollamos una figura interna estable, compasiva y madura: el Adulto Sano. Esta parte aprende a escuchar al Niño Vulnerable, calmar al Protector, poner límites al Crítico y tomar decisiones más coherentes con nuestras necesidades reales y valores actuales.
Cómo se trabaja en una sesión de Terapia de Esquemas
La Terapia de Esquemas combina distintas herramientas según cada persona y momento del proceso.
Algunas sesiones se centran en comprender los patrones desde una mirada cognitiva: identificar pensamientos automáticos, emociones y conductas repetitivas.
Otras se enfocan en vivencias más experienciales y emocionales, utilizando técnicas como la silla vacía, el diálogo con las partes, la imaginación guiada o el Imagery Rescripting, que permite revisitar escenas del pasado para ofrecer al niño interior lo que no recibió entonces.
Estas experiencias no son solo simbólicas: tienen un efecto real sobre el sistema nervioso, ya que nos ayudan a procesar memorias dolorosas y construir nuevas asociaciones emocionales.
El terapeuta tiene un papel activo, cercano y empático. No se limita a observar, sino que participa desde una postura de reparentalización limitada, ofreciendo una relación terapéutica segura y estable en la que se puedan sanar heridas tempranas.
Con el tiempo, la persona aprende a internalizar esa voz compasiva y a convertirse en su propio sostén.
Un enfoque profundo y humano
La Terapia de Esquemas no busca simplemente reducir síntomas, sino transformar las raíces del sufrimiento. Nos invita a reconocer qué necesidades emocionales no fueron satisfechas, a mirar con honestidad nuestros mecanismos de defensa y a ofrecer a nuestras partes más vulnerables una nueva experiencia de cuidado.
Es especialmente eficaz para personas que han vivido traumas relacionales tempranos, trastornos de personalidad (como el límite, evitativo o dependiente), patrones de relación repetitivos, o sensaciones crónicas de vacío y autoexigencia.
Pero más allá de los diagnósticos, es un enfoque profundamente útil para cualquier persona que quiera entenderse mejor, sanar sus vínculos y aprender a vivir desde un lugar más libre y auténtico.
La integración cuerpo–mente
En mi práctica, integro la Terapia de Esquemas con una mirada somática y trauma-informed, que considera al cuerpo como parte esencial del proceso de cambio.
El cuerpo guarda memorias y emociones que a menudo no se pueden poner en palabras. Por eso, aprender a escuchar las sensaciones corporales nos permite reconocer cuándo un esquema se activa y cómo podemos regularnos de manera más consciente.
El trabajo con el cuerpo no es solo una herramienta terapéutica, sino también un camino hacia la presencia, la confianza y el contacto real con la vida.
Un camino de autocompasión y crecimiento
Trabajar con esquemas y modos es un proceso profundo que requiere tiempo, paciencia y compromiso, pero los resultados son duraderos.
A medida que desarrollamos nuestro Adulto Sano, comenzamos a responder de manera diferente: establecemos límites con más claridad, elegimos relaciones más nutritivas, y nos tratamos con una ternura que antes parecía imposible.
La Terapia de Esquemas nos recuerda que los patrones que repetimos no son defectos personales, sino formas de supervivencia aprendidas. Y que, con la guía adecuada, pueden transformarse en fuentes de sabiduría y fuerza.
Porque sanar no es borrar el pasado, sino aprender a vivir con él de una manera nueva.
Es preciso tener todavía caos dentro de sí
para poder dar a luz una estrella danzarina
— F. W. Nietzsche
